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24 de marzo de 2022

Refinanciación y Reestructuración de deudas, ¿en qué se diferencian?

¿Has detectado problemas de liquidez en tu empresa? Antes de que la situación se agrave y el negocio se ponga en riesgo, conviene que intentes negociar con tus acreedores. Las dos principales opciones son la refinanciación y la reestructuración de deuda, dos conceptos que a veces se confunden y se usan indistintamente, pero que son muy diferentes.

Te explicamos en qué consisten y cuáles son sus beneficios.

REFINANCIACIÓN

Con la refinanciación se busca sustituir un crédito existente por uno nuevo, con otros términos más favorables. Por ejemplo, tipos de interés más bajos o más fondos. Así, el nuevo préstamo puede ser de la misma cantidad o de más.

Esta opción no es única para empresas en apuros, también compañías sanas -económicamente hablando- acuden a las refinanciaciones si así reducen costes financieros.

Los pasos para conseguir una refinanciación son:

  1. Proporcionar información financiera para ver ingresos, gastos y deuda.
  2. Se evaluará la seguridad de las garantías ofrecidas por la refinanciación: inmuebles, efectivo, coches, acciones en bolsa, etc.

Las ventajas: en caso de que se incluyan más fondos, se incrementa la liquidez; en caso de que no se incluyan más fondos, se mejorarán los intereses, los pagos serán más bajos, etc.

REESTRUCTURACIÓN

Con la reestructuración se busca cambiar los términos de un crédito ya existente, con la finalidad, en general, de conseguir mejores condiciones a la hora de amortizarlo. El objetivo último es evitar una situación de insolvencia que impida hacer frente al crédito en cuestión.

Hay que tener en cuenta que al modificarse las condiciones del crédito, se suelen pedir nuevas garantías o reforzar las que ya se habían establecido: inmuebles, efectivo, coches, acciones en bolsa, etc.

Esta solución suele aparecer cuando la situación financiera de la empresa o compañía es tensa y se prevén problemas en el corto plazo.

Los pasos para conseguir una reestructuración son:

  1. Se realiza un análisis de la viabilidad de la empresa. Esto es fundamental pues si la empresa no es viable, la reestructuración no tendrá sentido.
  2. Se establece un calendario de pagos.
  3. Se establecen las garantías.

Las ventajas: beneficia a ambas partes, pues el acreedor evita la morosidad, y el deudor retrasa o evita un proceso de ejecución. Además, los procesos de ejecución son largos y costosos, por lo que aceptar una reestructuración suele ser una opción más beneficiosa para el acreedor.

En ambos casos, es fundamental contar con profesionales experimentados que puedan guiar a las personas administradoras de la empresa entre los diferentes procedimientos jurídicos, aprovechando todas las posibilidades de brinda la ley y consiguiendo una mejor posición negociadora ante los acreedores.

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